Predelahabana,Preuniversitario de La Habana Jose Marti,Instituto Preuniversitario de La Habana Jose Marti
May 192020
 

Dos Rios entro’ en la Historia aquel 19 de Mayo de 1895. En la batalla precedida por escaramuzas entre una columna del Ejercito Español, encabezada por el coronel Jose Jimenez De Sandoval y tropas mambisas al mando de los generales  Bartolome Maso’ y Maximo Gomez, cayo’ en aquel, su primer combate, el Apostol Jose Marti.

Son multiples historias y diferentes versiones sobre los acontecimientos de aquel fatidico capitulo de la Historia de Cuba. He leído varios, pero esta narración que encontré es el testimonio de probablemente, uno de los principales protagonistas. En realidad resulta un poco extensa, pero interesante y detallada.

(*Monografias.comr)

Resumen
El autor del presente artículo, descendiente del relator del suceso, ha querido rememorar lo que el “viejo Jaime”, ya septuagenario, sentado con la única pierna que le quedaba en un vetusto y criollo taburete, le contara a la veintena de nietos reunidos a su alrededor acerca de la presencia del cadáver de José Martí en el cementerio de Remanganaguas en aquel lluvioso mes de mayo de 1895.

De cómo fue testigo presencial, con apenas 14 años, de los acontecimientos para la Historia de Cuba relacionados con el primer enterramiento del Maestro, la exhumación de sus restos, el posterior traslado para Palma Soriano a lomo de mulos del ataúd confeccionado por él, así como de sus emociones de inocencia infantil ante aquel hecho inusual. Todo ello narrado en detalles con el firme propósito de no perder la memoria histórica e inculcarles desde temprana edad a sus descendientes, sentimientos de patriotismo, amor y respeto a uno de los más ilustres hombres del continente americano en todos los tiempos.

Palabras Claves: Remanganagua, inhumación, exhumación, independencia, muerte, cementerio.

Abstract The author of this article, a descendant of the reporter of the event, wanted to remember a story the “Old Jaime,” a septuagenarian man sitting, with the only leg left, on an ancient and creole stool told to two dozen of grandchildren gathered around him, about the presence of the corpse of José Martí in the Remanganaguas cemetery that rainy in May 1895. He told them about what he witnessed, being just 14 years: all the events from Cuban History associated with the first burial of the Master, the exhumation of his remains and subsequent transfer of the coffin (built by him) to the town of Palma Soriano on mules. He also referred about his feelings and innocent reaction as a child related to such an unusual event. All these detailed facts are brought here attempting to preserve a historical memory, and to instill in children feelings of patriotism, love and respect to one of the most illustrious men from the American continent.

Introducción En el presente articulo se pretende dar continuidad a uno de los temas, que si bien tratado, ha sido poco reflejado de manera escrita y detallado por los que de una u otra manera han incursionado en el asunto. Resulta pues el momento en que fueron enterrados y exhumados los restos del Maestro por vez primera en el cementerio de Remanganaguas por parte de tropas españolas un 20 y 23 de mayo de 1895, respectivamente. Uno de los protagonistas de aquel hecho, Jaime Sánchez Sánchez relata los detalles del acontecimiento histórico.

Desarrollo
El año 1880 además de contar en sus 365 días con las ya más que probadas acciones revolucionarias de José Martí en los Estados Unidos, fue el momento que marcaría el nacimiento de un cubano más, un 26 de septiembre, en medio de la situación colonial por la que atravesaba la mayor de las Antillas.

A pesar de ser hijo de padre inmigrante español proveniente de Cataluña con apellido Cabote, por el no reconocimiento en actas de nacimiento de la época, recibió el nombre de su progenitor con apellidos maternos, Jaime Sánchez Sánchez.

El lugar de crianza con el resto de sus cuatro hermanos sería el caserío conocido como Remanganaguas, perteneciente al término municipal de Palma Soriano de la provincia Oriente, muy cercano al camino real de la isla, zona por la que de manera frecuente transitaban personas en el proceso de realizar transacciones comerciales, en especial de ganado y maíz, además de ser punto obligado de soldados colonialistas españoles, que después de la tristemente conocida “Creciente de Valmaseda” durante la Guerra de los Díez Años, sentaron un precedente manteniendo sometidos a los campesinos de la comarca desde un pequeño cuartel al cual denominaron los pobladores “fuerte”.

En el sitio descrito, y dada la existencia también de una treintena de familias campesinas, resultaba imprescindible se ubicara un lugar de expendio tanto de comestibles, como de bebidas refrescantes o alcohólicas, tarea esta que fue emprendida por uno de los tíos paternos de Jaime, quien utilizaría los servicios del joven sobrino, conocedor de los números, aunque no muy bien de las letras, para con apenas catorce años de edad, vender los productos en el establecimiento “La Dichosa”.

Corría el año de 1895, se había dado ya en Cuba el segundo grito de independencia el 24 de Febrero en Baire y otras zonas del país por órdenes expresas del delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí Pérez, quien arribaría, en unión del Generalísimo Máximo Gómez Báez a tierras cubanas después de emprender una de las expediciones más importantes de la gesta independentista: desde Cabo Haitiano a Dos Ríos, lugar éste de su triste deceso.

La ruta comprendió dos grandes momentos. El primero fue su travesía por mar, es decir el trayecto desde su salida de Montecristi, en Santo Domingo, hasta su arribo a Cuba, por Playitas de Cajobabo. El segundo, su recorrido por tierras cubanas desde Playitas de Cajobabo hasta Boca de Dos Ríos, durante el cual efectuaron veintiséis jornadas en ese trayecto de 392 Kilómetros rendidos a pie, a través de los más agrestes parajes de la geografía oriental, levantando 26 campamentos durante 38 días, desde el 11 de abril al 19 de mayo de 1895.

Todo aquel esfuerzo se hacía con la firme aspiración de hacer realidad el “Manifiesto de Montecristi”, crear una república con todos y para el bien de todos los cubanos y extranjeros que respetaran la soberanía nacional y posibilitar la independencia de otras naciones, en especial Puerto Rico. “La guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen podrá [n] gozar respetado [s], y aun amado [s], de la libertad que sólo arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino.”(1).

La estrategia era pues aunar voluntades para extender la guerra a todo el escenario nacional de manera breve evitando a toda costa los errores en los que se había incurrido durante la contienda anterior y desarticular la base económica del gobierno español en la isla evitando la menor cantidad de bajas tanto de la parte cubana como española. “En los habitantes españoles de Cuba, en vez de la deshonrosa ira de la primera guerra, espera hallar la revolución que ni lisonjea ni teme, tan [justa] afectuosa neutralidad o tan veraz ayuda que por ellas vendrán a ser [no la] la guerra más breve [menos] sus desastres menores y mas fácil y amiga la paz en que han de vivir juntos padres e hijos. Los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los españoles la terminaremos.”(2)

Tan pronto como el 5 de mayo se entrevistaron los dos jefes en el ingenio “La Mejorana” con el lugarteniente general Antonio Maceo, el día 9 establecieron el campamento número 22 en tierras del caserío conocido como Altagracia, zona de Laguna Blanca cercana a Remanganaguas, utilizando la casa familiar de Manuel Venero “(…) tronco de patriotas” (3), amigos de Gómez, quienes lucharon en las guerras anteriores.

Ya el día 13 acamparon los mambises en las llanuras de Dos Ríos, entre los afluentes Cauto y Contramaestre, allí estaban tres grandes jefes, Martí, Gómez y Masó preparando condiciones para la marcha hacia el oeste, y si era posible, pues lograr un buen encontronazo con el enemigo, y de esa forma levantar los ánimos insurrectos deseosos de entrar en acción “Está muy turbia el agua crecida del Contramaestre, y me trae Valentín un jarro de leche hervido en dulce con hojas de higo” (4).

El domingo 19 de aquel mes de mayo, se recibió noticia de la presencia de tropas españolas en la zona de Venta de Casanovas, las que al mando del coronel José Ximénez de Sandoval y Bellange, a marcha rápida de caballería por la llanura durante la mañana, lograron situarse en pocas horas en una zona de operaciones ventajosa para ellos desde el punto de vista táctico.

Las acciones militares entre las fuerzas mambisas y españolas se produjeron en horas del mediodía, resultando como lo más funesto de la jornada la caída, en su primer combate, del mayor general de las huestes independentistas, José Julián Martí Pérez. Pasaba a la inmortalidad el periodista, maestro, diplomático, escritor, sabio político que puso por encima de cualquier beneficio individual, el de su patria.

El enemigo, con información previa de la presencia del político cubano, no escatimó esfuerzos para que el cadáver no cayera en manos insurrectas. Por tales motivos se solicitó fuera enviado el occiso hacia el cuartel ubicado en Remanganaguas, y desde allí hacer el reconocimiento oficial del cadáver. Todo el recorrido se efectuó bajo una pertinaz lluvia impidiendo el rápido traslado hacia el lugar escogido. El primer descanso prolongado del cuerpo inerte del maestro se efectuó en la tierra mojada debajo de un gran jobo en la zona de Demajagual, cercano al arroyo Las Barbacoas, ayudando, además, a que la tropa reorganizara la marcha con más brío y disciplina. Sería esa la causa para que arribaran al cementerio primero, y cuartel después, a las ocho de la mañana del siguiente día 20 de mayo.

“Los pobladores de la comarca, y en especial los muchachos, siguieron con atención la entrada estrepitosa de la gran caballería montada por los uniformados quienes trataban de ahuyentar a los más curiosos, uno de ellos era yo, “Jaime, el dependiente”, el aprendiz de carpintería, hijo de Cabote; quien con apenas 14 años de edad me atreví, con osadía infantil, a realizar una acción que me marcaría para toda la vida, después de valorar, con los años, los hechos acontecidos durante esa semana primaveral.

Recuerdo que todas las tardes, por lo regular caían cerrados aguaceros, pero aquella mañana de lunes veinte de mayo fue una de esas que la fina llovizna continua invitaba a todos quedarse en el pequeño camastro, sin embargo, los inesperados llamados de mí pobre madre facilitaron que antes de las siete estuviese yo frente al viejo mostrador de cedro del ventorrillo de mí tío, que de tanto pasar el paño, ya había perdido su olor característico de madera preciosa.

Un rato después de mis limpiezas matutinas, entró en la tienda un práctico y voluntario del ejército español, conocido en la zona y con fama de buen tirador. Este hombre era bajito, mas bien trabado, achinado y con la cara picada por viruelas, llamado Antonio Oliva, quien con la camisa en mano, desarrapada y mojada por la lluvia tiró al suelo, y de inmediato me pidió las “Mañanitas de Carabanchel”, que era un anís con alcohol muy popular en la época, acto seguido comenzó a vociferar, para que todos le oyeran, que iba a celebrar, pues en horas recientes había acabado con la vida del jefe de los mambises cubanos, un tal Martínez o Martín.

Mí inocencia infantil no me permitió otra cosa que no fuera prestar toda atención a aquel que celebraba por tal hazaña, y de inmediato quien apuraba un vaso del anís, extrajo de su bolsillo amarillento un reloj de tapa dorada y unos realitos, expresando que habían pertenecido al tal Martínez. Con dicho dinero pagó la bebida después de escuchar los continuos ladridos de perros por la cabalgata española, que después de cruzar el río un tanto crecido, se avecinaba al caserío.

Algunos corrimos a cierta distancia detrás de los montados, incluso yo, una vez que cerrara con apuro el negocio de tío. Antes de la media legua la columna que reflejaba en los rostros evidencia de cansancio, puso pies en tierra del cementerio, bajaron de los caballos unos cuerpos envueltos. Cuatro de los soldados recibieron órdenes expresas y comenzaron a cavar una fosa, no muy profunda, en medio del fango de color oscuro de aquel lugar. En ella situaron los cadáveres.

En tierra pelada, primero se enterró, a quien supe después era José Martí, y encima de él pusieron el otro cuerpo, que por la vestimenta, deduje era soldado español, un tal Joaquín con grados de sargento. Una vez tapada la fosa, situaron cuatro piedras en forma de cruz, para luego identificar el lugar. Allí quedó un guardia perteneciente a la tropa al que entregaron una alforja con algunos comestibles. El resto se trasladó de inmediato al cuartel a galope tendido.

Una vez que me retirara del lugar oculto donde me encontraba junto a Tomás “el bueyero”, nos fuimos para la tienda recibiendo allí unos cuantos gaznatones de tío por la irresponsabilidad ante el abandono del local” (5).

Mediante el telégrafo ubicado en el cuartel de Remanganaguas, Ximénez de Sandoval, una vez efectuado el enterramiento aquel 20 de mayo en horas de la mañana, de inmediato trasmitió el parte oficial donde informaba de los resultados de la acción militar, y sobre todo de la supuesta muerte en combate, hasta el momento, del principal organizador de la nueva gesta independentista. Fue pues aquella una de esas grandes oportunidades que el coronel español siempre soñó para demostrar su valía como servidor a la corona española.

Por su parte, el Capitán General de la isla de Cuba, Arsenio Martínez Campos, ni corto, ni perezoso, para evitar equívocos que comprometiera su reputación militar, optó por consultar con el Ministro de Ultramar lo relacionado con la exhumación y el reconocimiento forense para identificar de manera definitiva al llamado “Presidente de los mambises cubanos”.

El comandante general de las tropas españolas acantonadas en Santiago de Cuba, general de división Juan Salcedo y Mantilla de los Ríos, cursó órdenes inmediatas al coronel Ximénez de Sandoval para que se dirigiera, con parte de sus hombres, hacia territorio santiaguero. De igual manera envió rumbo a Remanganaguas al doctor en medicina y cirugía Pablo Aureliano de Valencia y Forns, habanero radicado en Santiago que además se desempeñaba en esa ciudad como práctico forense.

Ambos enviados, uno militar y el otro médico con su ayudante, el señor José Ortega Navarro, se dieron cruce de caminos entre la zona de Palma Soriano y San Luís de la Enredadera. Llegado a este último poblado, Sandoval recibió allí un telegrama en nombre de la reina regente felicitándolo por el éxito obtenido. Por esa razón hizo una alocución a la tropa donde le informaba de la noticia, así como de la felicitación personal por la acción desplegada con éxito. “Ambos generales os felicitan (…) y S.M la Reina Regente (…) también han tenido para vosotros que os halláis lejos de la Patria y a gran distancia de vuestras familias, palabras halagüeñas (…)” (6).

Ya en Santiago de Cuba, el día 23 de mayo el coronel José Ximenez de Sandoval en unión de otros jefes y oficiales recibiría condecoraciones emitidas a manera de bando por el capitán general Arsenio Martínez Campos, quien recientemente había arribado a esa ciudad proveniente de La Habana. De igual modo, hacía público lo ocurrido en la zona de Dos Ríos. Sería ese también momento oportuno para que el coronel Sandoval entregara al capitán general el revolver con empuñadura de nácar y otros papeles ocupados a Martí después de su caída en combate.

Ese mismo día del quinto mes del año, saldría del poblado de San Luís con destino a Remanganaguas el Segundo Batallón Peninsular compuesto por mil quinientos soldados al mando del teniente coronel Manuel Michelena Moreno con el firme propósito de trasladar, bajo cerrada custodia, los restos de Martí.

Llegado a Remanganaguas en horas de la tarde del día 22, el doctor Valencia comenzó a crear todas las condiciones para la dura faena de exhumación del cadáver con algunos días de natural descomposición. A la mañana siguiente el capitán Saturnino Sáenz previendo la necesidad de trasladar al occiso a lomo de caballos rumbo a Santiago, y dado lo incómodo que resultaba en esas condiciones, encomendó la tarea de la construcción de un ataúd al señor Pedro Ferrán Periche, quien por su avanzada edad buscó la ayuda del joven de 14 años Jaime Sánchez Sánchez, aprendiz de carpintería, quien se desempeñaba también como dependiente de la única tienda del lugar.

“Estando todavía en el establecimiento, el viejo Ferrán me envío un recado con un muchacho para que ensillara el caballo y me presentara en el fuerte de inmediato. Allí me explicó que era necesario le ayudara a seleccionar unos tablones de cedro que sirvieran para construir una caja de muertos, buscar clavos, cera y dos serruchos, que regresara enseguida, pues tenia que ayudar al médico con otras tareas.

Recuerdo que una escuadra de diez soldados con cubos de agua fenicada y demás utensilios nos acompañó al cementerio de donde desenterramos los cadáveres, y de inmediato me vino a la mente las jornadas anteriores de la que había sido testigo cuando se enterraron a los difuntos. Era la vez primera que me enfrentaba directamente con la muerte y aquello me llenaba de espanto, aunque lo quería disimular ante los soldados.

Serían más o menos las cuatro de la tarde de ese día 23, y nunca podré olvidar aquellas imágenes, ni tampoco el mal olor de la carne putrefacta ya. Estábamos presentes el doctor Valencia, su ayudante y yo; extrajimos los cadáveres de Martí y el sargento enterrados en la misma fosa, estando el Apóstol al fondo. Tendimos el cadáver de Martí encima de unas tablas al aire libre. Gran impacto tuve al ver con mis propios ojos las heridas de balas con sangre coagulada en el pecho, las piernas y cuello. Una de ellas había salido por la boca destrozándole el labio de arriba.

El médico con sus instrumentos lo abrió, le sacó las vísceras y el corazón, las que envolvieron y tiraron en la fosa. Luego procedió a inyectarle un líquido, rellenarlo con algodón y coserlo. Tampoco podré olvidar algo que me llamó mucho la atención, el médico pidió a su ayudante le abriera la boca al difunto, revisó la dentadura y también colocó algodones, después supe que eso servía para identificar a la persona. Éramos tres los presentes allí, nadie más.

Después de ese proceder se colocaron los restos embalsamados encima de una parihuela destino al fuerte y don Pedro y yo nos dimos a la tarea de hacer el ataúd. En la práctica fui yo quien ejecutó la construcción bajo su dirección. Esa caja la hice con tres tablones de cedro. Por el apuro y como estaba hecha a la montuna hube de gastar una buena cantidad de cera para taparle los huecos que quedaban. Por una idea mía a la altura de la cabeza le puse un cristalito, de esos que traían algunas latas de galleticas. Luego se llevaron al tosco cajón para el fuerte, y se colocó el cadáver de Martí allí.

La obra la comenzamos como a las cinco de la tarde y no la terminamos hasta las tres de la mañana del siguiente día 24. Ocho pesos nos entregaron por la gran faena constructiva”. (7)

Cuán grande sería la impresión causada al joven Jaime, a punto de arribar a sus quince años, aquellos momentos junto a los restos del apóstol de las guerras de independencia nacional, para que después, con apenas 16, dejara a su humilde hogar y familia en la zona de Remanganaguas y se incorporara a las huestes mambisas perteneciente al campamento mambí “Los Tinajones”, ubicado entre el río Las Biajacas y el poblado de Maffo del término municipal de Jiguaní. Lugar éste dirigido por el general de División Saturnino Lora Torres, quien teniendo como jefe de uno de los dos regimientos de infantería al teniente coronel Víctor Ramos, impartía órdenes a su vez, por jerarquía militar, al comandante Bartolomé Rondón Barrero perteneciente a la finca La Doncella.

Sería pues el comandante Rondón el jefe inmediato superior del soldado mambí Jaime Sánchez Sánchez quien, por unas horas, había contribuido a un justo y merecido traslado del cadáver del mayor general de las guerras de independencia José Martí Pérez hacia Santiago de Cuba, lugar donde le esperarían otras cuatro inhumaciones y exhumaciones hasta su descanso definitivo en el mausoleo actual fundado el 30 de junio de 1951.

Antes del triunfo revolucionario, algunos estudios se realizaron por parte de personas de reconocido prestigio nacional, los cuales, a través de recorridos, comenzaron a fijar los sitios exactos por donde Martí y sus seguidores anduvieron desde Playitas de Cajobabo hasta Dos Ríos, y también por donde tuviera lugar la ruta funeraria del maestro una vez cayera en combate.

El primero de esos estudios ocurrió en abril de 1922, a solicitud de los veteranos de la guerra de independencia, marcando de esa manera los 392 kilómetros de la ruta martiana hasta su lugar de deceso. Sus protagonistas serían jóvenes de la época motivados para dar un justo lugar al apóstol en la historia patria. Estarían entre ellos, el dominicano Marcos del Rosario, el cartógrafo Rafael Lubián y Arias, así como el poeta guantanamero Regino Eladio Botti, quienes con su actuación dieron evidencias de aquella reanimación de la conciencia nacional en la importante década del 20 cubano.

Similares recorridos se efectuaron para homenajear al héroe nacional en los meses de mayo de 1930 y 1947, por parte de los maestros normalistas y la guardia rural de Santiago de Cuba, respectivamente. Sin embargo, solo en dos ocasiones la prensa republicana publicó datos relacionados con los acontecimientos ocurridos a propósito del enterramiento y exhumación del cadáver del apóstol en el cementerio de Remanganaguas.

El primero de los casos resultó de la investigación realizada por el joven santaclareño Rafael Lubian y Arias, quien con apenas 26 años se dio a la tarea de recorrer y trazar la primera ruta fúnebre de Martí, entrevistándose en 1922 con las personas que de una u otra manera estuvieron relacionadas con los sucesos ocurridos entre el 19 y 26 de mayo de 1895.

Sería justamente el señor Jaime Sánchez Sánchez, ya con 41 años de edad, una de esas personas entrevistadas y fotografiadas por Rafael Lubian en la zona de Remanganaguas, trabajo ese que a manera de artículo, con la firma del propio Lubian, resultaría publicado con el título de “Martí en los campos de Cuba libre” en 1953 en homenaje de la cervecería La Polar a propósito del primer centenario del natalicio del maestro.

En el artículo de referencia aparece una foto de un hombre señalando con su dedo índice el lugar donde supuestamente fue enterrado por vez primera el cuerpo sin vida de José Martí, y donde se lee: “Sitio exacto donde fue enterrado Martí en el cementerio de Remanganaguas. Jaime Sánchez, que ayudó a construir el féretro en que fueron conducidos sus restos a Santiago de Cuba, señala el lugar” (8).

Pero, dicha persona, evidentemente de la raza negra, no se corresponde con los rasgos fisonómicos de quien en realidad ejecutó la obra de construcción del ataúd del héroe nacional de Cuba.

El artículo al cual hacemos referencia ha recorrido el mundo a través del Sitio Web Damisela.Com con la firma de Rafael Lubian y Arias, escritor que consideramos con un gran prestigio por la calidad de sus obras y seriedad en las investigaciones.

Cabría preguntarse el por qué de esa falsedad histórica publicada por la cervecería La Polar, máxime cuando otras publicaciones en la que se relatan los acontecimientos relacionados con aquel enterramiento y exhumación en la etapa pre revolucionaria, brindan claridad de los sucesos.

Es el caso concreto de la revista Carteles, publicación semanal que circuló en Cuba hasta 1960, y que en 1956, con fecha 29 de enero, cuando se conmemoraba el aniversario 103 del natalicio del apóstol, dio a conocer un reportaje con el título “La muerte de Martí en Dos Ríos”, escrito por el periodista Ángel Vega, utilizando fotos tomadas por Raúl Corrales, donde se daban a conocer detalles del suceso.

En el trabajo de referencia, en su parte central, aparece un titular que dice “Cómo se construyó la primera caja que guardó los restos del apóstol”, y debajo 4 fotos de un anciano de 75 años, que evidentemente, sí se corresponden con la persona identificada físicamente como Jaime Sánchez Sánchez. Fotos y entrevista realizadas en su residencia ubicada, en aquel entonces, en la calle Pío Rosado, esquina Manuel del Socorro, de la ciudad de Bayamo.

Conclusiones
La muerte de Martí el 19 de mayo de 1895 constituyó un hecho definitivo en el necesario combate librado por los cubanos de su tiempo para lograr, con no pocos sacrificios, la independencia nacional. Cuba perdió allí a uno de sus más preclaros hijos, al ganador absoluto de mil batallas en el campo de las ideas. Su deceso inesperado, cuando se esperaba más de él en el proceso organizativo de la lucha sorprendió a todos, incluyendo a las fuerzas españolas, que una vez asegurada de su trofeo de guerra, adoptaron todas las medidas para evitar cayera en manos enemigas.

Triste y solitario sería aquel primer entierro, sin amigos que llorasen y pusieran una rosa blanca en su tumba. Directo y en tierra pelada su cuerpo junto y debajo de un español para aquel que murió de cara al sol cubano en pleno combate en la manigua. Esa tierra de la patria lo recibía en el campo para el descanso eterno, sin sospechar que esa paz sería pronto perturbada, en reiteradas ocasiones, por quienes querían mostrarlo como prueba irrefutable de fuerza colonial que podía neutralizar todo intento de rebeldía nacional.

Otro de los hijos de Cuba, pero con edad infantil, sería protagonista involuntario y relator de los hechos acontecidos y relacionados con aquel primer enterramiento y exhumación de los restos del maestro en la obra de brindar continuidad histórica a los sucesos patrios. Su posterior actuación lo convertiría a él también en un modesto hacedor de historia nacional independientemente de lo que la prensa burguesa de la época tratara de hacer para eclipsar su accionar.

Bibliografía
Archivo José Martí. Número Homenaje del Centenario del Natalicio, publicado por el Ministerio de Educación, Dirección de Cultura, La Habana, 1953.

Argilagos, Rafael: Granos de Oro, Ed. El Arte, Manzanillo, 1937.

Bacardí Moreau, Emilio. Crónicas de Santiago de Cuba, t 5, 6, 7, 8, 9, y 10, Tipografía Arroyo Hermanos, Santiago de Cuba, 1922-1924.

Diario de José Martí. De Cabo Haitiano a Dos Ríos. La Habana. Divulgación martiana de Instituto Cívico Militar. Ciudad Escolar Ceiba del Agua.

Escobar, Froilán. Martí a flor de labios, Ed. Política, La Habana, 1991.

Hernández Catá, Alfonso. Mitología de Martí, Renacimiento, Madrid, 1929.

Ibarra Martínez, Francisco. Los cinco entierros de Martí. En periódico Granma. Suplemento Especial. 19 de mayo de 1995.

Lubian y Arias, Rafael. La Ruta de Martí, de Playitas a Dos Ríos, P. Fernández y Compañía, La Habana, 1953.

—————————– Martí en los Campos de Cuba Libre. En Sitio Web Damisela.COM.

López Rodríguez, Omar y Morales Tejeda, Aida. Piedras Imperecederas. La Ruta Funeraria de José Martí, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1999.

Ubieta, Enrique. Efemérides de la Revolución Cubana, t 4, la Moderna Poesía, La Habana, 1920.

Vega, Raúl. La muerte de José Martí en Dos Ríos. En Revista Carteles # 5. 29 de enero de 1956.

Vive aun el que construyó la caja en que sepultaron a José Martí. En periódico Revolución. 19 de mayo de 1960.

Entrevistas

Jaime Sánchez Chacón. Contramaestre, 1973.

Vicente Sánchez Fajardo. Bayamo, 1980.

Waldo Sánchez Fajardo. Bayamo, 1980.

Pedro Sánchez Alemán. Palma Soriano, 2000.

Magdalena Sánchez Pérez. Contramaestre.2005

Mirta Sánchez Alemán. Central América Libre, 2009.

Felicia Martínez Rodríguez. Remanganaguas, 2000.

Maria C. Sánchez Fajardo. Jiguaní, 2000.

Iraldo Sánchez Fajardo. Manzanillo, 1998.

Angel Sánchez Chacón. Santa Rita, 1980.

Referencias Bibliográficas

1) Martí Pérez, José.Obras Completas, t, 4.Editorial de Ciencias Sociales.La Habana, 1964.pag.94

2) Ob.cit.pag.97

3) Diario de José Martí. De Cabo Haitiano a dos Ríos. La Habana. Divulgación martiana del Instituto Cívico Militar. Ciudad Escolar de Ceiba del Agua, 1941.pag79.

4) Ob. Cit. Pág. 89

5) Sánchez Pérez, Magdalena. Conversando con mí abuelo. Entrevista inédita. Contramaestre, 1959.

6) Bacardí Moreau, Emilio. Crónicas de Santiago de Cuba, t. 8 pp. 120-121

7) Archivo Museo Emilio Bacardí. Carpeta 36 B. José Martí. Entrevista a Jaime Sánchez, carpintero que realizó ataúd de Martí(s a).

8) Sitio Web Damisela.Com. José Martí Dos Ríos.Breve Cronología. 1895.

Datos del autor:

Nombres y Apellidos: Jaime Severino Sánchez Pérez.

Graduado de: Licenciado en Educación, especialidad Historia.

Centro de trabajo: Filial de Ciencias Médicas de Contramaestre.

Ocupación: Profesor de Filosofía e Historia de Cuba.

Categoría Docente: Asistente.

Teléfono: 589533.

Datos del coautor:

Nombres y apellidos: Ángel María del Toro Fonseca

Graduado de: Licenciado en Periodismo.

Centro de trabajo: Emisora Radio Grito de Baire. Contramaestre.

Ocupación: Profesor Sede Universitaria Municipal Contramaestre.

Categoría Docente: Instructor.

Autor:

Jaime Severino Sánchez Pérez

Ángel María del Toro Fonseca.

República de Cuba.

Universidad Médica de Santiago de Cuba.

Filial de Ciencias Médicas de Contramaestre.

Departamento de Filosofía e Historia de Cuba.

Año: 2011

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